La bomba de neutrones, también llamada bomba N, bomba de
radiación directa incrementada o bomba de radiación forzada, es un arma nuclear
derivada de la bomba H que los Estados Unidos comenzaron a desplegar a finales
de los años setenta. En las bombas H normalmente menos del 25% de la energía
liberada se obtiene por fusión nuclear y el otro 75% por fisión. En la bomba de
neutrones se consigue hacer bajar el porcentaje de energía obtenida por fisión
a menos del 50%, e incluso se ha llegado a hacerlo de cerca del 5%.
En consecuencia se obtiene una bomba que para una determinada
magnitud de onda expansiva y pulso térmico produce una proporción de
radiaciones ionizantes (radiactividad) hasta 7 veces mayor que las de una bomba
H, fundamentalmente rayos X y gamma de alta penetración. En segundo lugar,
buena parte de esta radiactividad es de mucha menor duración (menos de 48
horas) de la que se puede esperar de una bomba de fisión.
Las consecuencias prácticas son que al detonar una bomba N se
produce poca destrucción de estructuras y edificios, pero mucha afectación y
muerte de los seres vivos (tanto personas como animales), incluso aunque estos
se encuentren dentro de vehículos o instalaciones blindadas o acorazadas. Por
esto se ha incluido a estas bombas en la categoría de armas tácticas, pues
permite la continuación de operaciones militares en el área por parte de
unidades dotadas de protección (ABQ).

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